domingo, 12 de febrero de 2017

Viajar sola

Andar sin nadie más por el mundo es una buena oportunidad para conocerte un poco; con suerte hasta te puedes caer bien.

Decidí irme a acampar sin invitar a nadie y con desconocidos que vi en una página de internet (a veces me pongo malita de mi criterio). La meta: tratar de no morir atacada por un oso o por algún compadre de Eruviel (riesgos de viajar a Edomex),  a la vez que desempolvé un viejo hobby de la infancia: la astronomía (la cual no pasaba de las enciclopedias de Disney que me compraban mis papás, pero era algo que me gustaba mucho).

La despensa fue: vino, dos paquetes de cigarros, dos latas de atún, galletas y dos pares de zapatos que me compré en un pueblo con el presupuesto de mi comida (lo que explica lo terrible/limitada opciónalimenticia).

Empaqué lo más ligero posible y tuve que aprender a armar una tienda de campaña, experiencia traumática porque aparentemente todo mundo sabe loque hace menos uno; se parece tanto a ser adulto.

Hablé con gente que nunca había visto, reí mucho y dejé irmuchas cosas que traía en mi cajita de Pandora personal qué tan celosamente guardaba mientras estaba en la fogata del campamento. Decidí perdonarme mis errores y por el daño que (me) he hecho en el "tú te lo pierdes y yo me lo ahorro" que tengo como estilo de vida.

En la madrugada me despertó el frío y no tenía ninguna pierna ajena para entrelazar. Me sentí jodidamente sola, pero luego de una pequeña catarsis y unos tragos de vino (no me vaya a morir de hipotermia) me dormí. Saldo blanco.

En conclusión ha sido de las mejores experiencias que he tenido; no puedo esperar para volver a invitarme a viajar, porque soy buena compañera de salidas y siempre traigo un pisto en la bolsa. 


2 comentarios:

  1. Vaya forma de viajar, me dejas sorprendido. Suena a una buena forma de autoconocerse... malo por la alimentación.

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    1. Apenas voy viendo esto, gracias y saludos. Sí fue una manera de conocerte, me gustó

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