martes, 23 de mayo de 2017

Mi arqui


Escribo muy poco de mi papá, desgraciadamente. Pero si pudiera decir algo de él, es que es una persona muy importante en mi vida, mi coach personal, mi proveedor de memes y quien está al pendiente de lo que hago. Confía en mis decisiones, aunque no siempre este de acuerdo con ellas.

Muchas veces no entiendo sus chistes y su sentido del humor me llega a molestar, pero sé que es su manera de seguir en contacto conmigo. Hasta cierto punto creo que sigo sin aprender a sacar porcentajes porque me gusta marcarle para que me ayude y platicar un poco, que me regañe un rato por el problema que esté de moda en mi vida al momento y seguir sin hablar otro par de semanas. Es una bella danza padre-hija.

Se queda callado muchas veces cuando mi mamá le cuenta mis tragicomedias, pero ella me dice que se preocupa. No es una persona que va a darte un abrazo o mandarte un mensaje bonito, pero es alguien que va a estar ahí cuando lo necesites. Su manera de demostrarte que te quiere es que no te falte nada, y yo, afortunadamente puedo presumir que crecí con mucho amor.

Él motivó mi gusto por la lectura, cuando podía me llevaba libros a la casa e inclusive me regaló unos que tenía en su juventud que a la fecha conservo. Me compró mi primer -y única- guitarra eléctrica cuando le dije que quería aprender e inclusive me dejo ensayar con mi banda en la preparatoria en el patio de la casa, aunque se enojara porque luego me veía fumando según yo con la habilidad de un ninja a mis escasos 17 años. Pero es el motivo por el cual siempre que miro un edificio que me llama la atención es un “me gustaría estuviera aquí para verlo”.

Cuando era niña, nos llevaba de vacaciones hasta donde su bolsillo lo permitiera. Hicimos viajes familiares que hasta la fecha queremos repetir. Pinté algunos de sus planos -aunque me quedaran horribles- medí terrenos y más de una vez y me enseñó a usar sus herramientas. Aún recuerdo lo impactada que me quedé las veces que me llevó a pagar "la raya" (el salario) de los albañiles que trabajaban en las construcciones que hacía y el que firmaran con una cruz, porque no sabían escribir. Siempre viví muy alejada de realidades como esas, pero de alguna forma me han ayudado a seguir con los pies en la tierra.

Es llegar a su casa y que te pregunte todo lo que no ha hablado contigo. Es una persona que nunca ha dejado a un lado a su familia, alguien que estudió arquitectura, pese a su mamá quería que fuera mecánico, porque pensó que era lo correcto. Creo que nos parecemos en eso, porque si hay algo que me he llevado de él es hacer lo que me parece justo, aunque no necesariamente sea lo más fácil.

Es saber que no importa lo malo que pueda ser el mundo, siempre va a estar su hogar para mí. Hasta ahorita, creo que pocas cosas superan el hecho de que tu papá confíe en ti y deje navegar por la vida y que hizo un buen trabajo con sus hijos y que por eso tú vas a hacer lo mejor que puedas, porque eso fue lo que aprendiste de tu familia. Espero algún día ser más como él.

No hace mucho tiempo, me dijo que él no se preocupaba por mí, porque sabía que de una u otra manera yo resolvía las cosas. Luego de haber vivido en varios partes y decidir quedarme en CDMX aunque todos me dijeron que me devolviera a Chihuahua, él fue de las pocas personas que me dijeron "vas a estar bien, no sé cómo le haces, pero te las arreglas para hacer lo que quieres. Siempre has andado sola por todos lados", cuando vino al aeropuerto y necesitaba verlo.

Te quiero mucho papá, gracias por confiar en mí y enseñarme a conseguir lo que quiero, por dejarme crecer a mi ritmo, pero sobre todo por no dejarme hacer menos por nadie, por darme un trato que tu consideraste equitativo con mi hermano, por enseñarme de carros, por hacer corajes juntos, por despertar en la noche mientras yo andaba en la calle y recordarme al día siguiente a qué  hora llegué, por todo lo que haces con Demian, pero sobre todo, porque siempre puedo volver a Chihuahua y me vas a recibir como pocas personas lo hacen (con amor y comida, no necesito más).