martes, 17 de enero de 2017

Un rayito de pinche luz


Hace poco tiempo terminé una relación muy importante para mí y no quedé tan dañada como pensaba. Pero luego de di cuenta de que dejé de escribir porque tenía miedo de lo que fuera a salir de mis dedos; me daba pavor darme cuenta cómo me siento.

La melancolía es un arma de dos filos que algunas veces abraza y otras más te ahoga. Buscar confort en brazos ajenos siempre tiene su precio.

El riesgo de darlo todo es quedarte sin nada. Y aquí estoy, jodidamente (in)feliz en un cuarto con unas cortinas que se caen y una cama vacía. Un día decidí irme y aguantar los insultos de mi huida, o si no nos hubiésemos quedado juntitos y miserables por mucho más tiempo. Intenté evitarlo porque me sentía mal sólo de pensar que cuando él viera mi silla vacía, pensara que cualquiera pueda llenarla (en esa parte no me equivoqué, pero ya no importa). 

Que te rompan el corazón duele, que lo hagan lento es lo que cala. Fueron dos años de una extraña devoción y complicidad que no supimos cuidar, pero supongo que todo es cuestión de aprender a cerrar círculos, aunque en la escuela sólo te hayan enseñado a dibujar cuadros.

Claro que pueden arrancarme la esperanza, de todos modos vuelve a crecer.

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